Los alimentos naranjas del otoño: poder nutricional en cada bocado

11 de noviembre de 2025
Prof. Liu Zheng

Si algo caracteriza al otoño, más allá de las hojas cayendo y las tardes más cortas, es esa explosión de tonos naranjas en fruterías y mercados. La naturaleza no es ingenua: nos está indicando exactamente qué necesitamos comer en esta época del año.

Ese color vibrante no es casualidad ni simple estética. Es la señal visible de un arsenal de compuestos beneficiosos llamados carotenoides, especialmente el betacaroteno, que actúan como antioxidantes potentes en nuestro organismo. Protegen células, piel y vista del desgaste diario. Es como tener un escudo microscópico que se activa con cada cucharada.

Alimentos color naranja

La calabaza: la reina del otoño

La calabaza encabeza esta lista de superalimentos otoñales. Pertenece a la familia de las cucurbitáceas que también nos ha dado el melón, el pepino y el calabacín. Pero a diferencia de sus primas, combina algo poco común: es increíblemente baja en calorías y grasas mientras concentra una densidad nutricional envidiable.

Hablamos de apenas 26 calorías por cada 100 gramos, pero con 2,8 gramos de fibra, 340 miligramos de potasio, magnesio, calcio y una dosis generosa de vitamina C. No está mal para una hortaliza que muchos solo asocian con Halloween y postres americanos.

Su contenido en betacarotenos y fibra soluble tiene efectos sorprendentes en el equilibrio hormonal femenino. Varios estudios sugieren que estos compuestos nutren el endometrio y favorecen la producción de progesterona, esa hormona que tanto influye en el ciclo menstrual y el estado de ánimo. La fibra soluble ralentiza la absorción de glucosa, evitando esos picos que nos dejan primero eufóricos y luego exhaustos.

Mención especial a la calabaza butternut, esa variedad alargada de cuello estrecho, merece mención especial. Más dulce y con menos agua que la calabaza común, resulta ideal para asados y purés. Su sabor recuerda a veces a los frutos secos, algo que la hace especial.

Su textura cremosa al cocinarla la convierte en la base perfecta para sopas aterciopeladas sin necesidad de añadir nata o cremas lácteas. Es una opción perfecta para quienes buscan platos reconfortantes pero ligeros.

El tesoro escondido: las semillas de calabaza

Aquí viene una confesión: durante años tiré a la basura uno de los alimentos más nutritivos que tenía entre manos. Las semillas de calabaza, esas pepitas que muchos desechamos sin pensarlo, son prácticamente suplementos naturales.

Tienen un contenido excepcional de magnesio (una porción de 28 gramos cubre el 37% de las necesidades diarias), zinc en abundancia, hierro y fósforo en concentraciones que rivalizan con muchos suplementos comerciales. Además, aportan 7 gramos de proteína por cada 28 gramos y contienen grasas saludables omega-3 y omega-6.

Si eres hombre y pasas de los 40, te interesará saber que el zinc y los fitoesteroles de estas semillas han demostrado beneficios concretos para la salud prostática, según múltiples estudios clínicos. Incluso el sueño puede mejorar: son fuente natural de triptófano, ese aminoácido que nuestro cerebro transforma en serotonina y después en melatonina.

¿Cómo aprovecharlas? Tostadas con sal marina son el snack perfecto. También quedan increíbles en ensaladas, añaden textura crujiente a las cremas, se pueden moler para panes caseros o batir en smoothies.

El boniato: el dulce favorito

boniatos

El boniato o batata tiene incluso más betacaroteno que la calabaza, algo difícil de superar. Su dulzor natural y textura cremosa lo han convertido en el favorito de nutricionistas y chefs por igual. Horneado entero con la piel, asado en rodajas o en puré, es difícil no enamorarse de él.

Además de ser rico en betacaroteno, aporta fibra, potasio, vitaminas del grupo B y vitamina C. Su índice glucémico es moderado, lo que significa que proporciona energía sostenida sin provocar picos bruscos de azúcar. Es el aliado perfecto para deportistas y para quienes buscan mantener la energía estable durante el día.

La zanahoria: campeona de la vista

zanahoria

Las zanahorias, disponibles todo el año pero en su mejor momento en otoño, son las campeonas indiscutibles de la salud ocular. Ese dicho de que mejoran la vista no es un cuento: el betacaroteno se transforma en vitamina A en nuestro organismo, esencial para la visión nocturna y la salud de la retina.

Crudas, cocidas, en zumo o en cremas, las zanahorias son uno de los vegetales más versátiles. Su sabor ligeramente dulce las hace accesibles incluso para quienes no son grandes fans de las verduras. Además, al cocinarlas, el betacaroteno se vuelve más biodisponible, lo que significa que nuestro cuerpo puede aprovecharlo mejor.

El caqui: dulzura gelatinosa

caquis

El caqui, esa fruta gelatinosa que divide opiniones, es otro titán del betacaroteno. Además aporta taninos con propiedades astringentes y una dulzura que hace innecesario cualquier azúcar añadido. Cuando está en su punto, puede comerse con cuchara como un postre natural.

Rico en fibra, potasio y vitamina C, el caqui es un excelente aliado para la salud cardiovascular. Sus taninos, cuando la fruta no está completamente madura, tienen propiedades astringentes que pueden ayudar en problemas digestivos leves. Una vez maduro, es una explosión de dulzor natural perfecta para satisfacer antojos de forma saludable.

Los cítricos: el inicio de la temporada

naranjas, mandarinas y limones

Las mandarinas y naranjas empiezan a asomar en otoño, aunque las asociemos más con el invierno. Además de carotenoides, nos cargan de vitamina C justo cuando los resfriados empiezan a acechar. Es como si la naturaleza tuviera un calendario sincronizado con nuestras necesidades.

La vitamina C no solo fortalece el sistema inmunológico, también es esencial para la producción de colágeno, la absorción de hierro y actúa como potente antioxidante. Un par de mandarinas al día pueden cubrir las necesidades diarias de esta vitamina crucial.

La papaya: exotismo tropical con beneficios extraordinarios

Papayas

La papaya, aunque es una fruta tropical disponible durante todo el año, merece un lugar destacado en esta lista naranja. Su pulpa anaranjada delata su riqueza en betacaroteno, pero lo que realmente la hace especial es la papaína, una enzima digestiva natural que actúa como un tesoro para nuestro sistema digestivo.

Esta enzima ayuda a descomponer las proteínas, facilitando la digestión y reduciendo la inflamación intestinal. Además, la papaya es rica en vitamina C (incluso más que las naranjas), fibra y antioxidantes como el licopeno. Su consumo regular puede mejorar el estreñimiento, reducir la hinchazón abdominal y fortalecer el sistema inmunológico. Perfecta en el desayuno, en batidos o como postre natural.

Y por dentro, un secreto poco conocido, las semillas de la papaya

Al igual que ocurre con la calabaza, las semillas de papaya son otro tesoro que habitualmente desechamos. Estas pequeñas semillas negras de sabor ligeramente picante tienen propiedades antiparasitarias y antibacterianas reconocidas en la medicina tradicional de diversos países tropicales.

Contienen compuestos fenólicos y flavonoides con acción antioxidante, y algunos estudios sugieren que pueden ayudar a proteger el hígado y los riñones. Su sabor recuerda a la pimienta negra, por lo que pueden secarse, molerse y usarse como condimento digestivo. También pueden consumirse frescas en pequeñas cantidades (5-6 semillas al día) o añadirse a batidos para aprovechar sus beneficios depurativos.

El mensaje de la naturaleza

La concentración de alimentos naranjas en otoño no es casualidad. El betacaroteno que nos aportan estos alimentos se convierte en vitamina A en nuestro organismo, esencial para mantener la piel y las mucosas saludables justo cuando el frío y los ambientes calefactados comienzan a resecarlas.

Además, estos alimentos tienden a ser reconfortantes, dulces y densos nutricionalmente, justo lo que necesitamos cuando los días se acortan y el cuerpo pide prepararse para el invierno. Es la sabiduría de la naturaleza sincronizada con nuestras necesidades biológicas.

Este otoño, llena tu cesta de la compra de alimentos de color naranja, como ya ha podido comprobar, es el color de la salud, y tu cuerpo te lo agradecerá para cuando llegue el invierno.

 


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