12 creencias sobre la salud que ya no se sostienen (y por qué conviene revisarlas)
Autor: Prof. Liu Zheng
Muchas de las decisiones que tomamos a diario sobre nuestra salud no provienen de un diagnóstico médico ni de la evidencia científica más reciente, sino de ideas heredadas: consejos familiares, normas populares o mensajes repetidos durante décadas. Algunas de estas creencias tuvieron sentido en su momento; otras, simplemente nunca fueron ciertas.
La ciencia médica avanza, y con ella cambia nuestra comprensión del cuerpo humano. Revisar ciertas “reglas de salud” no es una moda: es una forma de cuidarnos mejor, con menos miedo y más conocimiento.
1. La fiebre no siempre es el enemigo
Durante años se ha asumido que cualquier fiebre debe tratarse de inmediato. Sin embargo, hoy sabemos que la fiebre leve o moderada es una respuesta adaptativa del sistema inmunitario. Elevar la temperatura corporal dificulta la replicación de virus y bacterias y mejora la eficacia de ciertas células defensivas.
La evidencia muestra que suprimir sistemáticamente la fiebre puede prolongar la infección, siempre que no exista riesgo. En adultos y niños sanos, la fiebre solo requiere tratamiento cuando causa un malestar significativo o alcanza valores elevados. Existen, por supuesto, excepciones claras: lactantes pequeños, fiebre muy alta o síntomas neurológicos requieren valoración médica inmediata.
2. El ardor no siempre significa “acidez”
El ardor retroesternal se asocia automáticamente a un exceso de ácido gástrico, pero el reflujo es un fenómeno mecánico más que químico. El problema suele estar en la relajación del esfínter esofágico inferior, no en la cantidad de ácido producida.
Reducir el ácido puede aliviar síntomas a corto plazo, pero el uso prolongado e indiscriminado de antiácidos o inhibidores de la bomba de protones puede alterar la digestión, la absorción de nutrientes y la microbiota, además de favorecer infecciones gastrointestinales. El reflujo frecuente debe evaluarse de forma individual, abordando hábitos, alimentación y posibles causas subyacentes.
3. Los lácteos no generan más mucosidad
La idea de que la leche “produce mocos” durante un resfriado está muy extendida, pero no tiene respaldo fisiológico. Los estudios muestran que los lácteos no aumentan la producción de moco; lo que ocurre es una sensación subjetiva de espesamiento en boca y garganta debido a la interacción de la grasa de la leche con la saliva.
En ausencia de intolerancia o alergia, no hay motivo médico para eliminar los lácteos durante una infección respiratoria leve.
4. La aspirina diaria no es preventiva para todos
Durante años se promovió el uso diario de aspirina para prevenir infartos. Hoy, las guías clínicas son claras: en personas sanas sin enfermedad cardiovascular previa, los riesgos superan los beneficios. El principal riesgo es el sangrado gastrointestinal o cerebral.
La aspirina sigue teniendo un papel en prevención secundaria, pero nunca debe tomarse como estrategia preventiva sin indicación médica individualizada.
5. Hacer abdominales no elimina la grasa abdominal
Los ejercicios abdominales son excelentes para la estabilidad, la postura y la prevención de lesiones, pero no reducen la grasa del abdomen de forma localizada. La pérdida de grasa es un proceso sistémico que depende del balance energético, la calidad de la alimentación, el descanso y el nivel de actividad global.
Reducir la grasa visceral implica cambios sostenidos en el estilo de vida, no rutinas milagro de cinco minutos.

6. El ejercicio suave también es medicina
Existe la creencia de que solo el ejercicio intenso “cuenta”. Sin embargo, la evidencia es contundente: caminar de forma regular reduce el riesgo cardiovascular, mejora la sensibilidad a la insulina, regula la presión arterial y favorece la salud mental.
Aunque actividades más intensas pueden aportar beneficios adicionales, el ejercicio más eficaz es aquel que se puede mantener en el tiempo. Para muchas personas, caminar es la base.
7. El gluten no es un enemigo universal
Eliminar el gluten es imprescindible para quienes padecen enfermedad celíaca o sensibilidad específica, pero no aporta beneficios demostrados a la población general. De hecho, muchas dietas sin gluten son más pobres en fibra y micronutrientes, y más ricas en productos ultraprocesados.
La calidad de la dieta importa más que la eliminación de un nutriente concreto sin indicación clínica.
8. El chocolate negro no es siempre saludable
El cacao contiene compuestos bioactivos con efectos beneficiosos, pero no todo el chocolate negro es igual. Los beneficios se asocian a chocolates con alto contenido en cacao (≥70 %) y bajo en azúcares añadidos. Versiones más procesadas pueden anular cualquier efecto positivo.
9. Correr no “desgasta” las articulaciones
Lejos de dañarlas, el impacto controlado del running estimula el cartílago y fortalece huesos y músculos, siempre que no exista una patología previa mal gestionada. El sedentarismo, la obesidad y las lesiones no tratadas son factores de riesgo mucho más relevantes para la artrosis.
10. Dormir tras una conmoción leve es parte de la recuperación
Las recomendaciones actuales indican que el sueño favorece la reparación cerebral tras una conmoción leve, siempre que no existan signos de alarma neurológica. La vigilancia excesiva sin indicación puede retrasar la recuperación.
11. La inflamación no siempre debe suprimirse
La inflamación inicial tras una lesión es parte del proceso de curación. El objetivo no es eliminarla por completo, sino regularla. El abuso de antiinflamatorios o frío puede interferir con la reparación tisular.
12. Algunas enfermedades crónicas pueden entrar en remisión
Aunque “crónico” no siempre significa reversible, existe evidencia sólida de que la diabetes tipo 2, la hipertensión inicial o la enfermedad cardiovascular temprana pueden mejorar de forma significativa mediante cambios en alimentación, actividad física, manejo del estrés y sueño.
Así que, revisar creencias populares es un ejercicio necesario, ya que contribuye a un estilo de vida más saludable basado en evidencia científica y clínica. Entender mejor el cuerpo nos permite cuidarlo con más respeto, menos automatismos y mejores decisiones.




