El calendario lunar y la influencia de la Luna sobre la vida en la Tierra
Autor: Prof. Liu Zheng
Año Nuevo Chino y el calendario lunar
Con la llegada del Año Nuevo Chino, se inicia un acontecimiento que va mucho más allá de una festividad cultural. Esta fecha, que equivale al 1 de enero del calendario lunar, marca el comienzo de un nuevo ciclo regido por la Luna, el astro que desde hace milenios ha guiado los ritmos de la naturaleza y de la vida en la Tierra.
A diferencia del calendario solar occidental, el calendario lunar comienza siempre con la luna nueva, mientras que el día 14 del ciclo coincide con la luna llena, momento de máxima expresión energética y luminosa.

El origen del calendario lunar chino está profundamente ligado a la observación de la naturaleza. En China, este calendario ha sido tradicionalmente conocido como el calendario del cultivo, ya que las fases lunares demostraron ser especialmente fiables para planificar la siembra, el crecimiento y la cosecha. Durante generaciones, agricultores observaron cómo la Luna influía en la humedad del suelo, el movimiento del agua y la vitalidad de las plantas, convirtiéndose en una referencia esencial para la supervivencia y el equilibrio del entorno.
La relación entre la Luna y la Tierra es, ante todo, física. Su atracción gravitatoria es la responsable de las mareas, un fenómeno que regula el movimiento de los océanos y condiciona la vida marina. Este vaivén constante del agua no solo afecta a los mares, sino que influye en ecosistemas costeros, ciclos reproductivos de muchas especies y en la distribución de nutrientes. La Tierra, en este sentido, respira al ritmo de la Luna.

En el mundo vegetal, la influencia lunar también ha sido ampliamente observada. Numerosos estudios y prácticas agrícolas tradicionales señalan que las plantas presentan variaciones en la absorción de agua, la savia y ciertos procesos metabólicos según la fase lunar. No es casualidad que muchas culturas hayan utilizado el calendario lunar para decidir cuándo sembrar, podar o recolectar, reconociendo que la vida vegetal responde a estos ciclos invisibles pero constantes.
Los animales tampoco son ajenos a este influjo. La reproducción de muchas especies, las migraciones, los patrones de caza o incluso los comportamientos sociales se sincronizan con las fases de la Luna. Desde corales que liberan sus gametos durante la luna llena hasta animales nocturnos que ajustan su actividad según la luminosidad lunar, la evidencia en la naturaleza es clara: la Luna actúa como un reloj biológico colectivo.
El ser humano, como parte inseparable de la naturaleza, también está influido por estos ritmos. Nuestro cuerpo está compuesto en más de un 60 % por agua y regulado por delicados sistemas hormonales y nerviosos que responden al entorno. Uno de los ámbitos más estudiados es el sueño. Diversas investigaciones observacionales han señalado que, en torno a la luna llena, algunas personas experimentan un descanso más ligero o mayor dificultad para conciliar el sueño, posiblemente por la interacción entre la luz nocturna y la secreción de melatonina, la hormona que regula el ritmo sueño-vigilia.
Pero existe una relación especialmente significativa entre la Luna y la mujer. El ciclo menstrual, con una duración media de unos 28 días, coincide de forma sorprendente con el ciclo lunar. Durante siglos, distintas culturas han observado esta sincronía, asociando la menstruación, la ovulación y las fases emocionales femeninas con las distintas fases de la Luna. Aunque hoy sabemos que múltiples factores influyen en el ciclo menstrual, esta coincidencia refleja una conexión profunda entre los ritmos biológicos femeninos y los ciclos naturales.
Desde una perspectiva fisiológica, el sistema hormonal femenino es particularmente sensible a los ritmos internos y externos. Estrés, luz, descanso y cambios ambientales pueden modificar el ciclo, lo que refuerza la idea de que el cuerpo humano —y especialmente el femenino— responde de forma sutil pero constante a su entorno. Escuchar estos ritmos puede ser clave para una vivencia más saludable y consciente del propio cuerpo.
Las tradiciones orientales, como la medicina china, han interpretado la Luna como expresión de la energía Yin, asociada al reposo, la nutrición profunda, la regeneración y la introspección. Sin necesidad de adoptar un lenguaje simbólico, esta visión encaja con la biología moderna, que reconoce la importancia de alternar actividad y descanso, expansión y recogimiento, para mantener la salud física y emocional.
El calendario lunar nos recuerda que la vida no es lineal, sino cíclica.

Cada fase tiene una función: iniciar, crecer, expresarse y soltar. En un mundo acelerado, reconectar con estos ritmos naturales puede ayudarnos a vivir con mayor equilibrio, respeto por el cuerpo y coherencia interna.
Con el inicio de este nuevo ciclo lunar, celebramos también el comienzo del Año Nuevo Chino, que este año corresponde al Año del Caballo de Fuego, símbolo de movimiento, vitalidad y transformación consciente. Una invitación a avanzar con energía, sin olvidar la sabiduría de los ciclos que sostienen la vida.
¡Feliz reinicio del ciclo de la Vida!
¡Feliz Año Nuevo Chino!
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