Todo sobre Síndrome de Piernas Inquietas (SPI): tratamientos y consejos
Autor: Prof. Liu Zheng
El síndrome de piernas inquietas (SPI) es un trastorno del sueño común que afecta hasta al 10 por ciento de los adultos y hasta al 4 por ciento de los niños en los Estados Unidos. Esto la convierte en la cuarta causa principal de insomnio. Con el SPI, las personas tienen una necesidad incontrolable de mover las piernas, junto con sensaciones incómodas. Esto altera el sueño y el descanso nocturno de millones de personas, perjudicando significativamente su calidad de vida.
También conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, el SPI fue identificado por primera vez por Sir Thomas Willis en 1672, y luego descrito con más detalle y nombrado por Karl-Axel Ekbom en 1944. Aunque el SPI fue identificado hace mucho tiempo y tiene síntomas muy peculiares, muchas veces no se diagnostica. Tratar el SPI también puede ser un desafío, lo que resalta la necesidad de una mayor conciencia y comprensión de este trastorno del sueño.

Piernas inquietas – “imagen diseñada por Pixabay”
¿Cuáles son los síntomas y signos tempranos del síndrome de piernas inquietas?
El SPI se manifiesta con distintos síntomas que pueden variar en intensidad y presentación. Los síntomas clave y los primeros signos del SPI incluyen:
- Impulso irresistible de mover las piernas: el síntoma característico del SPI es un impulso incontrolable de mover las piernas, a menudo acompañado de sensaciones incómodas. Los impulsos generalmente aparecen por la noche o en reposo y se alivian brevemente con el movimiento. Estas sensaciones, descritas como eléctricas, picazón, picazón, hormigueo o dolorosas, generalmente se originan en lo profundo de las piernas. Los niños pueden expresar estas sensaciones como patadas, movimientos u hormigueos en las piernas.
- Movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño (PLMS): alrededor del 90 por ciento de las personas con SPI también tienen PLMS, que son movimientos repetidos de las piernas durante el sueño que pueden variar en frecuencia.
- Trastornos del sueño e insomnio: el SPI puede dificultar conciliar el sueño y permanecer dormido debido a la fuerte necesidad de mover las piernas. Esto puede provocar insomnio y no dormir bien. También puede afectar significativamente la función diaria.
Además de estos síntomas clave, el SPI presenta las siguientes características:
- Los síntomas del SPI comúnmente afectan el área debajo de la rodilla en la parte posterior de la pantorrilla, pero también pueden extenderse a los brazos y muslos. Las sensaciones suelen afectar a ambas piernas, pero pueden alternar entre ellas.
- Es importante distinguir el SPI de los calambres en las piernas, el dolor muscular, el malestar causado por la artritis, el golpeteo crónico del pie o la debilidad. En los niños, el SPI a menudo se relaciona con dolores de crecimiento y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), lo que lleva a un posible diagnóstico erróneo.
- El SPI puede presentarse como intermitente o crónico. El SPI intermitente implica síntomas esporádicos sin un patrón predecible, mientras que el SPI crónico implica síntomas regulares que ocurren más de dos veces por semana.
- La gravedad de los síntomas del SPI puede variar desde una molestia leve hasta una alteración grave que afecta el bienestar general al alterar el sueño, las actividades diarias y la salud mental.
¿Cuáles son los tipos de síndrome de piernas inquietas?
El SPI se manifiesta en dos tipos: SPI idiopático primario y SPI secundario.
- El SPI idiopático primario no tiene causas subyacentes conocidas. Los síntomas pueden comenzar a cualquier edad y generalmente empeoran lentamente con el tiempo.
- El SPI secundario es causado por otros problemas de salud o ciertos desencadenantes. Si se trata la causa raíz, los síntomas del SPI a menudo mejoran o desaparecen por completo. Los desencadenantes comunes del SPI secundario incluyen:
- Ciertas condiciones de salud
- Antihistamínicos
- Medicamentos para condiciones de salud mental.
- Medicamentos que ayudan con las náuseas y los vómitos.
¿Qué causa el síndrome de piernas inquietas?
RLS es un rompecabezas complejo con varias piezas que los científicos todavía están tratando de armar. Las causas dependen del tipo de SPI.
1. Síndrome primario de piernas inquietas
El SPI primario, a menudo denominado idiopático debido a la ausencia de una causa directa, se manifiesta a través de diversas vías. Las investigaciones actuales señalan que la deficiencia de hierro en el cerebro, las predisposiciones genéticas y los factores ambientales son factores clave que contribuyen a la intrincada fisiología que subyace al desarrollo del SPI.
- Deficiencia de hierro
Cuando el cuerpo está inflamado, como en el SPI, se produce más hepcidina. Esta hormona juega un papel clave en el control del hierro, pero un exceso, como el que se encuentra en el SPI, puede impedir la distribución adecuada del hierro. Los investigadores especulan que este desequilibrio podría conducir a una deficiencia relativa de hierro en el cerebro que contribuye a los síntomas del SPI. En consecuencia, reducir la inflamación puede ser crucial para el alivio y la prevención de los síntomas.
En el SPI, el sistema de comunicación del cerebro, en particular el que involucra sustancias químicas que facilitan la comunicación de las células nerviosas conocidas como neurotransmisores, también se ve alterado. Los neurotransmisores implicados en el SPI son la dopamina, el glutamato y la adenosina. La dopamina ayuda a controlar los movimientos, el glutamato es el principal neurotransmisor que excita nuestro cerebro y la adenosina desempeña un papel en la promoción del sueño y la relajación. Estas alteraciones provocan un aumento de la actividad cerebral y una necesidad incontrolable de mover las piernas, lo que dificulta el descanso o el sueño.
Los estudios de imágenes cerebrales han confirmado niveles más bajos de hierro en el cerebro y el líquido cefalorraquídeo en personas con SPI, junto con disminuciones en la materia blanca y alteraciones en el sistema de dopamina. La deficiencia de hierro en el cerebro afecta estos neurotransmisores y la producción de mielina. Una cantidad insuficiente de hierro para la producción de mielina puede provocar una transmisión de señales nerviosas más lenta o alterada.
El hierro también es necesario para el transporte de oxígeno en la sangre. Cuando el cerebro carece de suficiente hierro, es posible que las células no reciban el oxígeno adecuado, lo que provoca niveles más bajos de oxígeno (hipoxia).
- Factores ambientales
Los factores ambientales, únicos de cada individuo, pueden interactuar con las susceptibilidades genéticas, intensificando potencialmente los síntomas del SPI. Si bien los hallazgos de los estudios varían, algunos sugieren que factores como la obesidad, el tabaquismo, el estilo de vida sedentario, el consumo de azúcar por la noche y el consumo de alcohol pueden afectar el SPI. Durante el embarazo, los cambios hormonales y el aumento de la demanda de nutrientes pueden desencadenar o empeorar los síntomas del SPI.
- Factores genéticos
Se estima que los factores genéticos contribuyen al 50 al 60 por ciento de los casos de SPI, y aproximadamente un tercio de la población general es genéticamente vulnerable si sus niveles de hierro disminuyen. Estos factores influyen en la regulación del hierro en el cerebro, un mineral fundamental y esencial para el transporte de oxígeno y el funcionamiento óptimo del cerebro. Las alteraciones en la adquisición de hierro pueden afectar la señalización nerviosa y el mantenimiento de la integridad nerviosa, lo que podría provocar una deficiencia de hierro en el cerebro y cambios neurológicos, incluso cuando los análisis de sangre estándar muestran niveles normales de hierro y ferritina.
- Otros factores contribuyentes
La investigación también sugiere un vínculo potencial entre la deficiencia de vitamina D y el SPI. La vitamina D parece desempeñar un papel en la regulación de las vías de dopamina del cerebro, y los niveles más bajos de vitamina D se han asociado con síntomas más graves del SPI. Es importante destacar que los estudios han demostrado que la terapia con vitamina D puede mejorar los síntomas del SPI en personas con deficiencia.
Además, los factores hormonales pueden influir en la aparición y el desarrollo del SPI. Durante el último trimestre del embarazo, cuando aumentan los niveles de estrógeno, la prevalencia del SPI aumenta significativamente. Sin embargo, la relación no es sencilla, ya que el SPI a menudo no disminuye después de la menopausia, cuando disminuyen los niveles de estrógeno.
La evidencia también indica que un desequilibrio entre los niveles de hormona tiroidea y el sistema de dopamina puede contribuir a la aparición de síntomas del SPI. Los niveles deficientes de hierro en el cerebro pueden afectar tanto la producción de dopamina como la degradación metabólica normal de las hormonas tiroideas. Esto da como resultado niveles bajos de dopamina en el sistema nervioso central y niveles más altos de hormona tiroidea. Los informes de casos han demostrado que la administración de levotiroxina, un medicamento utilizado para tratar el hipotiroidismo, puede desencadenar síntomas de SPI, que luego se resuelven cuando se retira el medicamento.
2. Síndrome secundario de piernas inquietas
En el SPI secundario, un desencadenante subyacente, como una afección médica, causa el SPI. Si bien muchos problemas de salud están asociados con el SPI, no todos lo causan directamente o hacen que sea más probable que suceda. Por ejemplo, aunque el SPI ocurre con mayor frecuencia en personas con esclerosis múltiple (EM), no está claro si la EM puede causar SPI secundario o si simplemente comparten los mismos mecanismos de desarrollo.
Según hallazgos consistentes de investigaciones, las condiciones que se sabe que desencadenan el SPI secundario incluyen:
- Deficiencia de hierro o anemia por deficiencia de hierro
- El embarazo
- Nefropatía
- Neuropatía
- Enfermedad de Parkinson (tratada, pero no sin tratamiento)
- Ictus
¿Quién está en riesgo de padecer el síndrome de piernas inquietas?
Ciertos factores pueden hacer que alguien tenga más probabilidades de desarrollar SPI, entre ellos:
- Edad: el SPI puede ocurrir a cualquier edad, pero es menos frecuente en niños y más frecuente en adultos mayores. El SPI de inicio temprano comienza antes de los 45 años, con una incidencia máxima entre los 20 y los 40 años, generalmente es hereditario y progresa lentamente. El SPI de aparición tardía comienza después de los 45 años, con frecuencia está relacionado con otras afecciones de salud y tiende a empeorar más rápidamente.
- Sexo: el SPI ocurre más en mujeres, lo que puede atribuirse a que el SPI ocurre con frecuencia durante el embarazo. Curiosamente, las mujeres que no han tenido embarazos tienen la misma prevalencia que los hombres de la misma edad.
- Embarazo: las mujeres con antecedentes familiares o antecedentes de SPI tienen más probabilidades de tener SPI durante el embarazo y, a la inversa, las mujeres que tuvieron SPI durante el embarazo tienen de tres a cuatro veces más probabilidades de volver a tenerlo.
- Raza: las poblaciones asiáticas tienden a tener una prevalencia más baja de SPI, que generalmente oscila entre el 1 y el 3 por ciento. Por el contrario, la prevalencia es considerablemente mayor, entre el 5 y el 13 por ciento, entre las poblaciones de Europa y América del Norte.
- Antecedentes familiares: Aproximadamente el 63 por ciento de las personas con SPI informan que tienen un familiar inmediato, como un padre, un hermano o un hijo, con SPI.
- Estilo de vida: Los factores del estilo de vida, como el alcohol, el tabaco y el tabaquismo, pueden aumentar la probabilidad de desarrollar SPI.
Comprender estos factores de riesgo puede ayudar en la prevención, la detección temprana y el tratamiento.
¿Cómo se diagnostica el síndrome de piernas inquietas?
No existen pruebas específicas para diagnosticar el SPI. Un estudio del sueño, o polisomnografía, puede ayudar a cuantificar los movimientos de las piernas durante el sueño, pero no es necesario para el diagnóstico. El diagnóstico se basa únicamente en la descripción de los síntomas por parte del paciente, sin pruebas objetivas ni de laboratorio. Esto puede dificultar el diagnóstico de niños o personas con problemas cognitivos, que tal vez no puedan describir sus síntomas.
El primer criterio de diagnóstico es una necesidad imperiosa de mover las piernas, a menudo, pero no siempre, con sensaciones incómodas y desagradables en las mismas. Entonces, el impulso debe cumplir todas las condiciones siguientes:
- Comienza o se intensifica durante el descanso o la inactividad, como acostarse o sentarse.
- Se alivia parcial o completamente con el movimiento, como caminar o estirarse, al menos durante la actividad.
- Se intensifica al atardecer o por la noche, más que durante el día.
Además, los síntomas no deben atribuirse a otra condición médica o conductual. Se puede utilizar una escala de calificación para evaluar la gravedad.
Otros criterios considerados de apoyo pero no obligatorios incluyen antecedentes familiares de SPI, PLMS y respuesta a la medicación dopaminérgica.
Medir el hierro sérico y la ferritina puede ayudar a determinar si hay una deficiencia de hierro, que puede causar o exacerbar los síntomas.
Los criterios diagnósticos en niños son más flexibles debido a su limitada capacidad para describir sus síntomas:
- SPI definitivo: el niño cumple con los criterios de adulto para SPI y puede describir el malestar en las piernas con sus propias palabras, de acuerdo con la afección.
- Probable SPI: El niño cumple con todos los criterios esenciales de un adulto para SPI, excepto el requisito de que la necesidad de moverse o las sensaciones sean peores al anochecer o por la noche. El niño también tiene un padre biológico o un hermano con SPI definido.
- Posible SPI: el niño tiene un trastorno del movimiento periódico de las extremidades (PLMD, por sus siglas en inglés) y un padre biológico o hermano con SPI definitivo, pero no cumple todos los criterios para SPI.
¿Cuáles son las complicaciones del síndrome de piernas inquietas?
Si no se controla la deficiencia de hierro en el cerebro, puede empeorar el SPI y provocar síntomas y complicaciones más graves. Las principales complicaciones del SPI están relacionadas con cómo progresa y afecta la vida diaria, el sueño y la salud mental. Estos efectos pueden causar problemas de salud graves que afectan su bienestar general, entre ellos:
- Insomnio
- Ansiedad
- Depresión
- Aislamiento social
- Cansancio y somnolencia durante el día
- Cambios de humor y comportamiento.
- Dificultades en el trabajo o la escuela.
- Desafíos financieros asociados
- Problemas de concentración y pensamiento.
Las mujeres que han tenido SPI durante el embarazo tienen un mayor riesgo de sufrir complicaciones durante el embarazo, como preeclampsia, diabetes gestacional, depresión perinatal y posparto y parto prematuro.
Además, hasta el 31% de los pacientes con SPI se sienten obligados a comer por la noche, similar a la necesidad de mover las piernas. Este hábito de comer por la noche puede empeorar con fármacos hipnóticos sedantes como las benzodiazepinas y puede provocar un aumento de peso.
¿Cuáles son los tratamientos para el síndrome de piernas inquietas?
El tratamiento del SPI varía según la gravedad de los síntomas. Es posible que no sea necesario tratar los casos leves, pero algunos cambios en el estilo de vida pueden ser beneficiosos. El SPI intermitente se puede controlar según sea necesario. En casos de SPI grave donde los síntomas frecuentes afectan su vida diaria, se recomienda el tratamiento diario, con dosis de medicamento lo más bajas posible. En el caso del SPI secundario, se debe dar prioridad a abordar las afecciones subyacentes porque el SPI puede empeorar si no se tratan las otras afecciones.
Desafortunadamente, los tratamientos convencionales actualmente disponibles (aparte del hierro, si hay deficiencia) sólo abordan los síntomas en lugar de modificar la enfermedad.
Tratamientos farmacológicos
Algunos de los tratamientos farmacológicos disponibles se utilizan sin autorización y conllevan riesgos importantes que incluyen abuso, dependencia y aumento. El aumento, una preocupación crítica, describe un empeoramiento paradójico de los síntomas inducido por un medicamento que inicialmente proporcionó alivio. Esta progresión puede confundirse con la progresión de la enfermedad.
Trabaje en estrecha colaboración con su médico para determinar los posibles beneficios y riesgos de las opciones de tratamiento disponibles y pregunte sobre los posibles efectos secundarios.
Los tratamientos farmacológicos para el SPI incluyen:
- Agentes dopaminérgicos: los agentes dopaminérgicos como ropinirol, levodopa, rotigotina, pramipexol y cabergolina aumentan los niveles de dopamina en el cerebro para aliviar los síntomas. Esto puede parecer contradictorio, ya que el SPI está relacionado con niveles elevados de dopamina. Sin embargo, la abundancia de dopamina durante el día puede provocar que los receptores de dopamina respondan menos con el tiempo, lo que se agrava enormemente durante la noche, cuando los niveles de dopamina disminuyen naturalmente. Los riesgos significativos asociados con los agentes dopaminérgicos, que alguna vez se consideraron tratamientos de primera línea, ahora limitan su uso a corto plazo, y se recomiendan los gabapentinoides para el tratamiento a largo plazo del SPI.
- Ligandos alfa-2-delta del canal de calcio (gabapentinoides): los gabapentinoides como la pregabalina, la gabapentina y la gabapentina enacarbil regulan los canales de calcio en el cerebro, influyendo en la liberación de neurotransmisores y la actividad de las células nerviosas. En el SPI, estos medicamentos ayudan a mejorar la calidad del sueño y reducir los movimientos de las extremidades durante el sueño. Los gabapentinoides pueden ser especialmente beneficiosos para las personas con SPI que también sufren de dolor nervioso, dolor crónico, insomnio o ansiedad, aunque existe el riesgo de efectos secundarios graves, incluidos problemas respiratorios y hospitalización, si se toman con opioides u otros medicamentos sedantes. Los gabapentinoides deben usarse con precaución debido al potencial de abuso, dependencia y riesgo de deterioro cognitivo o demencia asociados con el uso a largo plazo.
- Opioides: Medicamentos como oxicodona, oxicodona/naloxona, tramadol, morfina y metadona se utilizan para el SPI grave resistente al tratamiento o para el aumento grave. Curiosamente, el tramadol se asocia con el aumento y la abstinencia de opioides puede desencadenar síntomas del SPI. No está claro el mecanismo preciso por el cual los opioides alivian los síntomas del SPI. Los opioides también deben usarse con precaución debido a su potencial de abuso, dependencia y adicción.
- Benzodiazepinas: Las benzodiazepinas, en particular el clonazepam, se han recetado de forma no autorizada para el SPI durante años. Algunos pequeños estudios e informes de casos muestran que las benzodiazepinas son eficaces para aliviar los síntomas y mejorar el sueño. Sin embargo, debido a la falta de ensayos controlados aleatorios, una revisión Cochrane determinó que se desconoce la eficacia del clonazepam. También se deben considerar los riesgos asociados con el uso prolongado de benzodiazepinas.
- Ketamina: Utilizada principalmente como anestésico, la ketamina se ha mostrado prometedora cuando se usa fuera de etiqueta para el tratamiento del SPI. Un informe de caso de 2002 describió a dos pacientes con SPI que experimentaron una mejoría significativa en sus síntomas después de tomar ketamina oral durante hasta seis meses. Sin embargo, es importante señalar que el uso de ketamina para el SPI sigue siendo altamente especializado y se ofrece principalmente como terapia de infusión en centros especializados, debido a los efectos secundarios graves que dependen de la dosis.
Tratamientos no farmacológicos
Los tratamientos no farmacológicos incluyen:
- Terapia con hierro: corregir una insuficiencia de hierro puede resolver por completo los síntomas de algunas personas con SPI. Generalmente se recomienda la suplementación con hierro si la ferritina sérica está por debajo de 75 miligramos por litro y la saturación de transferrina está por debajo del 25 por ciento. Con los suplementos de hierro por vía oral, como el sulfato ferroso, se sugiere tomarlos diariamente con vitamina C para ayudar a la absorción. Este es el método más práctico para complementar el hierro. Si hay problemas gastrointestinales o de absorción, se puede administrar carboximaltosa férrica intravenosa en infusión durante varias horas.
- Dispositivos de compresión neumática (PCD): algunos estudios, pero no todos, han demostrado que los PCD son eficaces para mejorar la calidad del sueño, reducir la somnolencia diurna y mejorar la calidad de vida general de las personas con SPI. Se plantea la hipótesis de que cuando estos dispositivos aplican presión en las piernas, estimulan la liberación de óxido nítrico, lo que aumenta el flujo sanguíneo y ayuda a reducir el malestar y la inquietud.
- Acupuntura: un estudio de seis semanas encontró que la acupuntura ayudó a reducir la inquietud y el movimiento nocturno, la gravedad de los síntomas y la somnolencia diurna. Es importante destacar que la acupuntura fue bien tolerada y no se informaron efectos secundarios.
- Estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr): la EMTr implica colocar una bobina electromagnética contra el cuero cabelludo, que genera pulsos magnéticos que estimulan las células nerviosas en la región cerebral objetivo. Está aprobado por la FDA para el tratamiento de la depresión y otras afecciones. En dos estudios pequeños, la rTMS mejoró significativamente los síntomas del SPI y la ansiedad.

La acupuntura es tan efectiva como la melatonina
¿Cuáles son los enfoques naturales para el síndrome de piernas inquietas?
Explorar enfoques naturales para controlar el SPI ofrece una variedad de opciones que pueden complementar su plan de tratamiento general. Si bien estos métodos pueden tardar más en mostrar resultados en comparación con los tratamientos farmacéuticos, sus beneficios para su salud a largo plazo pueden ser sustanciales. La paciencia y la constancia son claves para encontrar la combinación adecuada que funcione para usted.
- Vitaminas C y E: Un pequeño ensayo mostró una mejoría en los síntomas de pacientes con SPI sometidos a hemodiálisis con vitaminas C (a 200 miligramos) y E (a 400 miligramos) a corto plazo.
- Suplementos de Pycnogenol: las investigaciones sugieren que Pycnogenol, un extracto natural derivado de la corteza de los pinos marítimos franceses, puede ser eficaz para controlar el SPI. En un pequeño estudio reciente publicado en Panminerva Medica, los sujetos que tomaron 150 miligramos de Pycnogenol al día durante cuatro semanas experimentaron mejoras en sus síntomas del SPI en comparación con un grupo de control, incluida una disminución en las sensaciones de hormigueo, palpitaciones, dolor y problemas para dormir.
- Ejercicio aeróbico moderado y de resistencia: varios estudios han demostrado la eficacia del ejercicio moderado para reducir la gravedad de los síntomas del SPI, con la mayor eficacia cuando se combinan el entrenamiento aeróbico y de resistencia. Sin embargo, es importante completar cualquier rutina de ejercicios al menos dos o tres horas antes de acostarse porque la actividad física puede estimular el cuerpo y exacerbar los síntomas del SPI.
- Luz infrarroja cercana (NIR): La NIR tiene un alto rango de longitud de onda que le permite penetrar profundamente en la piel. El mecanismo propuesto que explica su eficacia en el SPI se atribuye a su capacidad para generar óxido nítrico, lo que conduce a un aumento del flujo sanguíneo y del oxígeno tisular. En la mayoría de los estudios, la NIR se utilizó durante 30 minutos, tres veces por semana, durante cuatro semanas.
- Técnica de relajación y apoyo psicológico: Al reconocer la relación bidireccional entre la mente y el cuerpo, puede tomar medidas para gestionar los aspectos físicos y psicológicos del SPI. Practicar atención plena, técnicas de relajación y otras terapias de apoyo puede resultar valioso para romper el ciclo de pensamientos y emociones negativos.Los beneficios potenciales de este enfoque han sido demostrados en investigaciones. En un estudio a pequeña escala, personas con SPI de moderado a grave participaron en ocho sesiones de terapia grupal de 90 minutos. Los participantes informaron mejoras notables en su salud mental y calidad de vida después de las sesiones. Estos efectos positivos se mantuvieron durante hasta tres meses, lo que destaca los beneficios potenciales del apoyo psicológico para controlar los síntomas del SPI y mejorar el bienestar general.
Mantener buenos hábitos de sueño o higiene del sueño también puede ser un enfoque natural importante para controlar el SPI. Esto podría incluir:
- Establecer un horario de sueño constante acostándose y levantándose a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana.
- Crear una rutina relajante a la hora de acostarse con actividades relajantes como lectura o meditación.
- Tomar un baño tibio para ayudar a relajar los músculos.
- Mantener las piernas frescas una vez en la cama
- Optimizar su entorno de sueño manteniéndolo fresco, oscuro, silencioso y libre de dispositivos electrónicos
- Evitar comidas copiosas, chocolate, cafeína y alcohol antes de acostarse.
- Tomar suplementos de magnesio antes de acostarse para ayudar con la relajación y potencialmente mejorar la calidad del sueño.
Durante un episodio de SPI, es posible que encuentre alivio simplemente caminando o estirándose. Aplicar una compresa fría o caliente o masajear las piernas puede proporcionar un mayor alivio.
¿Cómo puedo prevenir el síndrome de piernas inquietas?
Si bien es posible que el SPI primario no se pueda prevenir por completo, existen medidas proactivas que puede tomar para controlar la afección y prevenir el desarrollo de casos de SPI secundario. Hacer cambios en el estilo de vida puede ser un desafío, pero tener una mentalidad positiva y concentrarse en lo que puede controlar puede ayudarlo en gran medida hacia el éxito. Las medidas preventivas incluyen modificaciones en el estilo de vida, consideraciones nutricionales y abordar las causas subyacentes.
- Evite los desencadenantes: manténgase alejado de sustancias y actividades que puedan exacerbar los síntomas del SPI, como el chocolate, la cafeína, el alcohol, el tabaco y las actividades que sobreestimule el sistema nervioso central.
- Controle el estrés y la inflamación: emplee técnicas de reducción del estrés y adopte una dieta antiinflamatoria para ayudar a minimizar el impacto de estos factores en el SPI.
- Manténgase hidratado: beba aproximadamente la mitad de su peso corporal en onzas al día. Por ejemplo, si pesa 150 libras, beba 75 onzas de agua, idealmente agua de manantial filtrada o pura.
- Asegure niveles adecuados de hierro: mantenga reservas adecuadas de hierro con suplementos, si es necesario. Esto es especialmente importante en bebés y niños pequeños durante las etapas críticas del desarrollo.
- Optimice la ingesta de vitaminas y minerales: coma alimentos integrales y considere complementar con nutrientes como vitamina D, magnesio y folato, si la ingesta dietética es insuficiente. Trabaje con un profesional de la nutrición para determinar sus necesidades individuales y la suplementación adecuada.
- Prevenga condiciones subyacentes: tome medidas para prevenir o controlar adecuadamente los problemas de salud subyacentes que pueden desencadenar SPI secundario, como enfermedad renal, accidente cerebrovascular, neuropatía y enfermedad de Parkinson. Si bien la genética puede predisponerlo a estas afecciones, adoptar una dieta y un estilo de vida saludables que minimicen la exposición a sustancias tóxicas puede ayudar a prevenir su aparición y progresión.
- Revise los medicamentos: revise cualquier medicamento que esté tomando y que pueda empeorar los síntomas del SPI y analice medicamentos alternativos o ajustes de dosis con su médico.
Al implementar estas medidas preventivas, puede desempeñar un papel activo en la gestión de su riesgo de desarrollar SPI o mitigar la gravedad de los síntomas existentes. Consultar con proveedores de atención médica puede ayudar a garantizar un enfoque integral y personalizado para la prevención y el tratamiento del SPI.
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